De querellas

Todos estamos llenos de luchas internas y batallas. Es lo que nos mueve, es lo que nos quita y nos da lo que tenemos en nuestro presente. Algunas son decididas, otras no. Algunas son nuestras y otras las hacemos parte de nosotros.

La premisa no es regocijante pero podemos concluir que nuestras vidas se miden por nuestras decisiones y reacciones ante todo lo que nos sucede (esto va unido a la libertad, pero ese es otro tema).

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Hoy me Amaneciste

Hoy me amaneciste, con la paz como guerra, la lluvia con el sol y la curiosidad haciéndome pedazos el desgano. Con la certeza y los cambios en los pies.

Me amaneciste en la punta de la lengua donde la retórica no siente desgano y las ilusiones se pintan con óleo malgastado; donde los sentimientos callan lo que no sienten y se desvelan las emociones con la cafeína de tus labios.

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Sin embargo, no fueron paz

Y se vieron. Se reencontraron.

 Son fuego, son aire, son el agua de sus gargantas seca, son sed y alimento, son el verbo en pausa, son una contradicción y humores que perfuman en su alma. 

Son el instante del saludo y la eternidad de sus miradas. 

Sin embargo, no fueron paz. Esa paz del abrazo que apaciguaba la luna. 

Mis 3 Palabras 2017

Hace unos pocos años hubo una particular -y excelente, a mi parecer- costumbre de un marketer llamado Isra Garcia (la idea es originaria de Chris Brogan), que me impactó, incluso con lo sencilla que suena se lee. Luego, descubrí que amigos y personas con las que comparto una visión muy parecida sobre la forma de aplicar, pensar del marketing y de la vida, también seguían ese mismo hábito o que les parece súper interesante. En ese momento lo entendí: no estoy tan loco ni tan solo en este mundo.

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De haber sabido

De haber sabido que eras todo lo que yo quería y además necesitaba en mi vida, no estuviese aquí. 

De haber sabido que tu rostro es el cálido -y jaspeado- recuerdo  de un corazón enrojecido, no estuviese aquí. 

De haber sabido que la magia más anhelada sería brindada por el alma que das, definitivamente no estuviese aquí. 

De haber sabido que el milagro de encontrarte ocurrió en la aurora de mi vida, ¿Sabes? No, no estuviese aquí.

Pero cómo iba a saber, cuando sólo la guía fue evitar dragones, meteoritos y fuego en las manos. ¿Cómo iba a saber que para tener la vela del alma plenamente prendida no todas las llamas son aptas ni son adecuadas?

Y aunque de haber sabido tantas cosas, no estaría aquí, sin ti, todas esas cosas que ahora sé seguro me harán dar y recibir vida de esa vela de alma que reconozca, perfectamente adecuada para mi.